oct 7, 2010

Publicado por en Cine, Reflexiones, Series

La fiebre del Remake

Que a la industria del cine ya hace años que se le acabaron las ideas, es algo que ya no nos viene de nuevo. Al menos la que nos llega de Hollywood, que es la mayoritaria. Atrás quedaron esos tiempos en los que se hacían grandes películas que quedaban en el recuerdo, que sin enormes alardes de efectos especiales, nos cautivaban con sus imaginativas y originales historias, y con las grandes actuaciones de sus protagonistas. Ahora, el cine cuesta unas 3 veces más de lo que costaba hace una década, pero la sensación habitual que tenemos cuando salimos de la sala es la de que nos han estafado.

En los últimos tiempos, para tapar su incapacidad para crear material nuevo e interesante para el gran público, directores, productores, guionistas y demás responsables de engendrar películas han recurrido a diversas estratagemas que les han reportado cierto tirón momentaneo. Claros ejemplos fueron la moda de los nuevos Slasher, que a partir del éxito de Scream arrastraron a millones de adolescentes a las salas de cine, las de los superhéroes, de los cuales últimamente están adaptando prácticamente todos los habidos y por haber (excepto a Superlópez, que parece que nunca le llega su momento), o la de los zombies. También nos han atacado vilmente con precuelas de todo tipo, en las que por lo general más que explicarnos la historia de nuestros héroes favoritos, se la cargan con todas las de la ley. Y ahora le ha tocado el turno a la más carente de imaginación de todas las ideas: volver a explotar películas o series antiguas y convertirlas en nuevas sagas adaptadas a las nuevas generaciones. La fiebre del remake.

Películas tan famosas de los 80 como Pesadilla en Elm Street, Karate Kid o incluso Tron están invadiendo de nuevo nuestras pantallas con mayor o menor acierto. Algunas son bastante decentes, como la de El Amanecer de los Muertos, otras no aportan nada nuevo pero se pueden ver, pero una gran mayoría, sencillamente hubiese sido mejor que jamás viesen la luz y dejaran intacto el buen recuerdo que nos dejaron en su momento las originales. Y es que ¿realmente tiene algún sentido volver a grabar Prom Night a estas alturas? Bastantes películas sobre asesinatos de adolescentes americanos en la noche del baile de fin de curso tenemos ya, como para recuperar una de los 80. Y puestos a desprotricar, ¿qué demonios pretendían con esa desfachatez mal llamada Furia de Titanes? A parte de explotar el boom del 3D, claro está. ¿Qué será lo próximo, Jasón y los Argonautas? Espero no haberlo dicho demasiado alto.

Tampoco las series se han salvado de la quema. Recientemente hemos visto en la gran pantalla la vuelta de Starsky & Hutch, Los Dukes de Hazzard, y hace poco una tan mítica como El Equipo A. Dibujos animados como Transformers también han dado el salto al cine. El Coche Fantástico ha vuelto a protagonizar una serie, y hasta los temidos lagartos de V han regresado, pero sin una cuarta parte de la gracia que tuvo en su momento la malvada comerratones de Diana. Y eso a pesar de contar con Morena Baccarin en el reparto, que para mí era un reclamo de interés, y el interés se esfumó tras ver unos pocos episodios.

Y, estando inmersos en tanto remake, no podían faltar los rumores en la red. Se comentan cosas realmente espeluznantes, como que pretenden recuperar Weird Science (aquí conocida como Una Chica Explosiva), Top Gun (no, por Dios, no) o una de las que más temor me provoca: la vuelta de Regreso al Futuro. Como muchos de mi generación, la trilogía de Robert Zemeckis es una de las que con más cariño recuerdo, y a día de hoy aún sigo disfrutando como un niño cuando vuelvo a visionarlas por enésima vez. Tal y como están las cosas en Hollywood en estos momentos, y viendo el montón de películas completamente insulsas y descartables, pongo en duda que sean capaces de hacer una secuela digna y mucho menos un remake que mantenga el espíritu y la dignidad de las originales. Y el leer que Zac Efron está interesado en interpretar a Marty McFly de hacerse una nueva saga, no ayuda a mejorar la perspectiva.

Desde mi humilde punto de vista como cinéfilo, creo que en ocasiones puntuales, si la película original realmente podía haber dado más de si pero no pudo ser por la falta de presupuesto, un remake para darla a conocer de nuevo a quien no la haya podido disfrutar en su momento y sacarle más jugo del que tenía es algo justificable y que puede tener un gran interés. Pero la producción en masa de este tipo de películas con la única finalidad de recaudar dinero fácil a costa de la juventud, sin esforzarse lo más mínimo en hacerlo con dignidad, en poner el alma en ello para que la idea original no pierda la suya, es sencillamente abominable. Es jugar con los recuerdos y los sentimientos de quienes tantas aventuras hemos vivido con esos personajes, tanto nos hemos emocionado delante de la pantalla, tanto nos hemos reído y hemos sufrido con ellos, para ahora verlos convertidos en fantoches de chiste fácil, con más agujeros en el guión que un queso de gruyere. Las cosas, o se hacen bien, o no se hacen.

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