dic 29, 2010

Publicado por en Cine

Crítica: Balada triste de trompeta

La nueva película de Álex de la Iglesia cuenta de nuevo, tras una distinta y un tanto impersonal “Los Crímenes de Oxford”, con todos los elementos que hacen reconocible su cine, y eso es algo que se agradece. Después de verla, no puedo decir que sea su mejor película, pero desde luego es 100% Álex de la Iglesia, y en ese aspecto uno no puede salir defraudado.

Haciendo paralelismos entre las dos españas enfrentadas de la Guerra Civil, representada en la introducción, y el choque de personalidades entre los dos protagonistas, el director Bilbaíno nos ofrece una historia de celos y venganza, enmarcada en el contexto de un circo a principios de los años 70 del siglo XX.

Javier (Carlos Areces) es un tipo triste y solitario, marcado por una dura infancia en la que su padre (Santiago Segura), también payaso, fue encarcelado y obligado a trabajos forzados en la construcción del Valle de los Caídos después de ser forzosamente reclutado por la milicia republicana en mitad de su trabajo. Éste muere a manos del Coronel Salcedo (Sancho Gracia) tras un intento de liberarlo por parte de Javier, no sin antes meterle en la cabeza la idea de que siempre sería el payaso triste, el que recibe las tortas, y que jamás alcanzaría la felicidad si no es mediante la venganza.

En el circo donde empieza a trabajar, entre muchos personajes variopintos, conoce a una trapecista llamada Natalia (Carolina Bang) de la que se enamora, comenzando a ejercer labores de pagafantas, puesto que es la novia de su jefe Sergio (Antonio de la Torre), quien trabaja de payaso tonto y es la atracción principal del circo. Éste, además, es alcohólico y violento y a menudo pega palizas a Natalia, que a pesar de todo es incapaz de dejarle, pero busca consuelo y seguridad en Javier.

En una de las escapadas de Javier y Natalia, Sergio los pilla in fraganti y, tras una pelea en la que Javier acaba en el hospital, estalla la inminente bomba, sumiendo a ambos en una espiral de autodestrucción tras la que la vida de ninguno volverá a ser la misma. Así pues, nos encontramos a partir de este momento con una brutal batalla entre dos payasos deformados y emocionalmente desequilibrados, luchando hasta el extremo por conseguir el amor de una mujer.

En esto se podría resumir la película, una típica historia de triángulos amorosos, llevada hacia la más dantesca exageración, con personajes completamente extremos y revestida de pinceladas históricas y de críticas al franquismo o la violencia de género. La acción transcurre de forma desenfrenada la mayor parte del tiempo, aunque con algunos altibajos, especialmente entre la mitad y el final del filme, donde en algunas ocasiones da la sensación de que el guión no acaba de estar del todo bien estructurado, tal vez debido a la ausencia de Jorge Guerricaechevarría en sus funciones habituales de coguionista. El reencuentro y posterior venganza contra Salcedo, el asesino de su padre, se sucede más anecdótico que otra cosa, por poner un ejemplo, restándole la importancia que debería tener en la historia, y haciendo demasiado énfasis en el trastorno mental de Javier. Sin embargo, el empeño por parte de Areces y de la Torre por dotar a sus personajes de un punto de humanidad entre tanta locura, salva mucho la papeleta.

Como comentaba al principio, no creo que se pueda decir que es la mejor película del director, pero si te gusta el tipo de cine, a menudo muy visceral y cargado de humor negro al que nos tiene acostumbrados, seguramente podrás disfrutar de ella. Y un reclamo especial para el sector femenino: un desnudo integral de Carlos Areces, posiblemente nuevo sex symbol español, que seguro que muchas estaban esperando.

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