Publicado por Fenris en Reflexiones, Viajes
Los Viajes en el Tiempo
¿No has deseado alguna poder cambiar algo que hiciste? Piénsalo.
Pero piénsalo bien, ¿eh?: Si pudieras volver a elegir, ¿no desearías haber estudiado otra cosa?, ¿deshacer algo que hiciste?
¿Usar unas palabras distintas, aquella vez que fuiste tan duro con alguien?, ¿haberle dedicado más tiempo a una persona que ya no está…?
¿No estás lleno, a rebosar, con todos esos remordimientos y equivocaciones, como si no hubiese un pedazo de tu piel sin cicatrices del pasado, tanto que darías casi cualquier cosa por lo único que no puedes hacer: cambiarlo? Pues te diré algo: Bienvenido a la raza humana.
Viajar en el tiempo y cambiar las cosas ha sido el sueño de muchos a lo largo de toda la historia. En la Grecia clásica tenían una curiosa manera de pensar sobre ello: De ellos nos quedan las tragedias, obras teatrales donde los protagonistas estaban condenados desde el primer momento: Prometeo, condenado a sufrir por toda la eternidad por salvar a la Humanidad entregándola el fuego, arrebatado por los dioses. Edipo, condenado desde su nacimiento a matar a su padre y cometer incesto con su madre, pecado por el que perdería su reino, sus ojos y, finalmente, su vida.
Era la manera que tenían los griegos de lamentarse, o quizá de consolarse en común, de repetirse a sí mismos una dura lección: que no se puede huir del Destino. Nunca. Jamás.
Pero, ¿es eso una verdad, una opinión, un consuelo, o qué es? El viaje en el tiempo parece algo imposible, pero últimamente hemos logrado hacer muchas cosas que parecían imposibles (pisar la luna, mover vehículos utilizando restos de dinosaurio, tomar un pedazo de carne de una persona y hacer que sirva para hacer vivir a otra…). Podemos imaginar que dentro de cincuenta años, o cien, o dos mil, haya alguien que invente la máquina del tiempo, ¿no?
Y aquí la cosa se pone peliaguda. Porque, si se puede viajar en el tiempo, ¿por qué no está todo lleno de turistas temporales? ¿por qué la gente del futuro no nos ha traído tecnología avanzadísima? ¿y, además, qué pasa si cambias algo que es condición de tu propia existencia (suponiendo que seas tan idiota)?
Por lo pronto, atendamos al siguiente argumento: Supongamos que construyes una máquina del tiempo y tu intención es volver atrás para matar a Hitler. Y lo haces.
Y, por supuesto, la historia cambia. Nunca existe la dictadura nazi, nunca se produce el Holocausto. Fantástico. Pero el tiempo sigue: El mundo toma una forma distinta, con otros países. Nunca existe un odio hacia Hitler porque Hitler, la figura histórica, no existió. Pero igualmente tú naces. Naces y construyes una máquina del tiempo. En la antigua línea temporal, tu primer viaje fue a la Alemania nazi para saldar una cuenta pendiente con un tipo que llevaba bigote, pero resulta que ahora ni siquiera has oído hablar de él.
En consecuencia, el viaje nunca se produce. Pero, ¡oh paradojas!, si el viaje nunca se produjo, entonces Hitler está vivo… Entonces debe haber algo que impide que viajes al pasado y mates a Hitler, ¿no?
Veamos: Si en una línea temporal se genera un tío que viaja al pasado, entonces ese tío ha viajado ya al pasado antes de haber viajado, y todas las “agencias de protección temporal” del futuro que lleváis un rato imaginando para joderme la marrana nunca han llegado a existir. Eso quiere decir que nuestra historia tiene la forma definitiva que resulta después de todos los viajes posibles en el tiempo. No puede hacerse ningún cambio, sencillamente porque todos los cambios posibles están ya hechos.
Es como preguntar qué si John Connor (Terminator) envió a Kyle Reese al pasado porque sabía que sería su padre, quien comenzó la cadena que hizo nacer al primer John Connor. Y la respuesta es la siguiente: nadie, porque no hay nada fuera de la cadena.
Vaya por dios. A ver si va a ser verdad lo que decían los griegos…
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