Publicado por Boudicca en Eventos, Historia, Sociedad
Georgios Papanikolaou
Quisiera hablar de este doctor griego especialista en patologías que, aunque no lo suficientemente reconocido a nivel mundial, antes de morir, allá por el 1962, dejó una importante herencia tanto para la ciencia como para las mujeres del mundo.
A lo largo de su vida académica y laboral pasó por distintas universidades. Se licenció en la universidad de Atenas; en la de Munich se hizo doctor, no sin antes pasar por las universidades de Jena y Freiburg. Vamos, que no se le podía fardar mucho con haber hecho un “Erasmus”, un “Propi” o un “Séneca” a este hombre.
Por lo que a su vida laboral hace referencia, George, como así pasaron a llamarlo en Estados Unidos, emigró hacia las Américas para trabajar en el departamento de patologías del hospital de Nueva York así como también en el departamento de anatomía de la Universidad Médica de Weill de la Universidad Cornell.
No era de extrañar que alguien como él, con tanto renombre y un currículum que muchos quisieran, acabase descubriendo que el cáncer de útero podía ser diagnosticado a través de un frotis cervical o, lo que es lo mismo, una citología. Nadie supo valorar la importancia de tal hecho hasta el lanzamiento de la publicación conjunta con Herbert Traut de El Diagnóstico del Cáncer de Útero por Citología, que tendría lugar quince años después. Básicamente, el libro es el estudio comparativo de citologías analizando los cambios fisiológicos en las mismas durante el ciclo menstrual y en condiciones patológicas diversas, así como también en presencia de pacientes con cáncer de cérvix o útero.
Entonces se hizo famoso por su invención del test de Papanicolau, que se usó en todo el mundo no solo para detectar y prevenir los casos de cáncer cervical sino también ante otras enfermedades citológicas el aparato reproductor femenino.
El hecho de analizar en el microscopio las células cancerosas fue primeramente llevado a cabo por Walter Hayle Walshe, que escribió un libro sobre las enfermedades pulmonares. Papanikolau probó gracias a ésto en conejillos de indias donde ya notó transformaciones celulares y quiso corroborar el fenómeno en humanas. Casualmente, una de ellas tenía cáncer de útero. Así descubrió que las células anormales podían observarse con un simple microscopio.
Lo presentó en una conferencia médica en Michigan y, todo sea dicho, al tener un coste tan reducido y efectuarse el procedimiento de manera tan simple, la comunidad científica del momento se mostró escéptica. Tuvo que trabajar duro a lo largo de su vida para mostrar con fotografías al mundo entero que estaba en lo cierto.
Antes de morir quiso abrir un centro investigación para la investigación del cáncer en la universidad de Miami pero, lamentablemente, murió antes de la inauguración.
El servicio de correos de Estados Unidos quiso rendirle un homenaje lanzando en 1978 un sello de 13 céntimos con la figura de George Papanicolaou.
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