Viaje a Carcassona
Son tres horas en coche desde Barcelona. De acuerdo. El culo se te pone de metal. De acuerdo. Pero vale la pena.
La ciudad antigua de Carcassona es uno de esos lugares que, de no ser por el vestuario de la gente y alguna moto que pasa por las calles, parece haberse quedado parada en el tiempo. Uno se cree en presencia de un castillo Disney o del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. La muralla
está intacta y si uno tiene suficiente imaginación, vislumbra en su cabeza caballeros probando de penetrarla y arqueros defendiéndola desde los cadalsos de las torres.
Como es lógico, el turismo se ha apoderado de la ciudad antigua. La vida de los ciudadanos se hace fuera de las murallas, en una ciudad ensanchada y cuadriculada.
Las tiendas de la ciudad antigua son aparadores de todo tipo de recuerdos: espadas (de madera, plástico y metal), escudos, imanes de nevera, postales de recuerdo, disfraces de caballero medieval, figuritas de caballeros, dragones, princesas, damiselas, reyes, catapultas… Muchas de ellas, en su arquitectura, mantienen un estilo medieval, con un letrero colgante de colores vistosos. En otras tiendas venden helados, pastas, bocadillos y refrescos a precios desorbitados. En una de las tiendas, me fijo, venden botellas de absenta. Algunas de ellas diminutas, otras medianas y otras muy pero que muy grandes. Algunas llevan de regalo la copa de cristal característica y la cucharilla de plata. Son caras, eso sí. El logotipo es el autorretrato de Van Gogh con el rostro multiplicado por tres.
Dentro de la ciudad amurallada (dos murallas, para putear a los atacantes) hay un castillo, también amurallado que, antaño, tenía puente levadizo y foso (hecho que demuestra, según se lee en algunos sitios, la desconfianza que los señores del castillo tenían sobre su propia población). Sorprende, como he dicho antes, el estado de conservación de toda la ciudad. Las vistas desde la muralla son impresionantes, y abastan un buen pedazo de la región, hecho que permitía a los defensores verlas venir desde muy lejos. En toda la ciudad amurallada, hay solo un hotel, de cinco estrellas. Hôtel de la Cité. Si no fuera por los altos techos, bien podría ser la casa de un hóbbit. La biblioteca del hotel, por cierto, cumple las funciones de bar y restaurante. Al lado está la catedral, de estilo gótico, donde se celebraba una boda, a deducir por el coche con lacitos lilas que había aparcado delante.
En resumen. Para los amantes de la historia en general y de la historia medieval en particular Carcassona es un lugar ideal para perderse y dejarse enamorar, para, por un momento, imaginarse caballero o princesa, según los gustos de cada uno, y sentirse transportado en una época que, aún insegura, el honor y la cortesía estaban al orden del día.
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