Publicado por Noemi en Reflexiones
En sus pensamientos…
Estaba ahí, mirando al horizonte mediante la fotografía de la realidad. La admiraba. Divisaba la aureola que envolvía toda su… digamos perfección, dejando un rayo de viva luz, ausente en el momento de su parpadeo. Universo el que ofrecían sus deseados ojos donde nacía la inspiración de todo ser. Constelación la que ofrecía junto a sus labios, aquella joven de cabello rojizo. Tez enmarcada por un rostro angelical, blanco como la nada, tan simple como la totalidad. Recorría su perfil y me perdía en cada ángulo de su cuerpo. Lo que daría por tener esa sonrisa guiándome por la perdición, ofreciéndome un paralelismo con sus gestos. Anticipada imaginación que ya la visualizas encima de mi ser, jadeando y moldeando esa gota de sudor que se desliza por sus pechos. Siento ese gusto salado ya en mi boca. Lo puedo saborear. Elixir de los drogadictos, veneno de la locura. Sí, querida, puedo oler tu piel. Dulce aroma, delicada flor. Deshojaría todos tus rincones y entraría en todos tus caminos, recorriendo ese paseo de placer. Finas manos reencarnan la esencia de los ángeles.
Sigue imaginación, sigue por favor. Ofréceme un panorama mejor de sus cuerdas que atan sus manos tan fuerte que dibujan un raíl de sangre. Sangre roja, pura, deslizando por la nada de su piel. Se desvía, sigo el camino con la mirada. Cogería mis artilugios, te voy a dar placer. Noto una cara triste, preciosa, tienes que sonreír. Sí, esa sonrisa permanente en tu tez. Abre la boca mi vida, sólo quiero tatuar la felicidad en tus comisuras. No me mires con esos ojos despiadados, mi reina, que me pierdo en el agujero infinito que me enseñan tus pupilas. Eso es, tranquila.
Cogería mi mejor instrumento que por experiencia es el que me ha maquillado las mejores sonrisas. Abre la boca pequeña. Sangra. Perfecto corte, preciso junto a tu comisura derecha. Ahora estás más bella. Sonríeme. Eso es. Genial, me ha quedado simétrico. Qué bella imagen. Océano tintado, mar de emociones resurge de tu sonrisa. Ahora sonreirás para siempre. ¿No eres feliz? ¿Quieres más placer? Eso está hecho.
La llevaría a mi mejor rincón. La ataría. Quizás sea mejor hacerte un traje a medida. Perfilo con el bisturí tus curvas que lloran de gusto. Vibran mis tímpanos con tu imponente voz que mantiene el mismo tono e intensidad durante segundos. Qué excitación me ofreces, pequeña. Qué bonito vestido realizo con tu propia piel. Es que es tan bella, que me encantaría que la llevases puesta todos los días. Espera, que me parece que la entallaría más de aquí. Se adapta con tu silueta que se enreda con tu cuerpo. Increíble.
Tu blanca piel se apaga poco a poco. Te veo sonreír pero te noto triste. Ya sé que quieres. Cuerpo fúnebre en su totalidad, pesado e inmóvil, te daré lo que me pides. La arrodillo y se sostiene como puede. Se desprende. ¿Pequeña qué sucede? Apoyo a mi preciosidad en la pared, sentada. Me sobra toda la ropa. Quiero sentir el calor que se esfuma de su nuevo vestido. Abre la boca. Lloras. Abre la boca. Te resigna. Eso es.
Antes de empezar, me molesta algo, pero tranquila que todo tiene solución. Corto el órgano que invade tu boca. No te quedan fuerzas ni para respirar. Toda mi excitación entra por ella, que derrama por los cortes en las comisuras, un río espeso de sangre. Convulsiona tu cuerpo y tus ojos se vuelven negros completamente. Infinidad de placer que me proporciona el clímax, se derrama por tu boca un líquido donde se mezclan dos colores en un mismo mar. Por fin, te quedas quieta. Me encantas así. Ahora me toca a mí disfrutar de tu cuerpo enjaulado en sangre, con su calor evadiéndose, y con la boca llena de aquella agradable mixtura. Pruebo la sangre de tu cara. Qué ardiente tentación, manjar de pocos y privado para muchos.
Se esfuma mi imaginación en el momento en que el autobús se detiene en seco. Ella está de pie. Quién fuese suelo para sostener toda su pesada belleza. Me mira… sé que hace tiempo que me observa, me sonríe, e incluso se sonroja. Quizás la invite a cenar, quizás le otorgue todo el placer del mundo, quizás juegue con su cuerpo. De todos modos, le digo:
-Hola preciosa.
Cómo me gusta su sonrisa para dibujarla en su tez. Eso es.
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